En un enclave mágico del norte de Mallorca se erige una residencia que desafía los convencionalismos con su estética minimalista y su conexión visceral con el mar. La vivienda, como una escultura contemporánea enclavada en la costa, se presenta como una expresión de la armonía entre el entorno marino y la pureza del diseño.

Desde el exterior el blanco impoluto de sus paredes refleja la luz del sol en un juego infinito de brillo y sombra. Los ventanales de cristal invitan al mar a adentrarse en la vivienda conformando una visual pictórica inigualable.

En su interior el minimalismo se manifiesta en su máxima expresión. Espacios diáfanos y despejados invitan a la contemplación, donde cada elemento tiene un propósito y cada detalle es una obra de arte en sí misma. El mobiliario destaca en su ejecución manual escultórica, de líneas puras y materiales nobles, revestidos igual que el pavimento, un derivado líquido de la piedra, se integra con la atmósfera serena del interior, mientras que las tonalidades suaves y naturales sirven como lienzo para resaltar la belleza del entorno.

La sala de estar, un santuario de tranquilidad, se funde con el horizonte a través de los ventanales que enmarcan la vastedad del mar. La cocina nos otorga una simetría visual marina a través de sus revestimientos de espejo.

En los exteriores, la residencia minimalista se funde con la naturaleza circundante en perfecta armonía conectando interior y exterior sin variar un ápice su materialidad.

Una terraza de líneas simples y muebles esenciales se convierte en un teatro al aire libre, donde el espectáculo del mar se despliega ante los ojos de los residentes.

Es mucho más que una simple vivienda, es una obra de arte en constante diálogo con la naturaleza, donde la belleza, la serenidad y la simplicidad se unen en una sinfonía etérea que perdura en el tiempo.

Project Management & Design: J. David M. Jofre
Copyright fotografía: Antoni Perelló. Estudi 97

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